Mi hermano es especial y es mi guardián, por eso te pido que tengas cuidado en cómo te comportas con él.

Es verdad que la vida le ha hecho madurar más de lo normal pero eso no te da derecho a igualarle a los adultos, es sólo un niño y si quieres igualar a alguien, iguálame a mí con los niños.

Entiendo que tengas curiosidad por saber cómo es la relación que mi hermano tiene conmigo, pues es diferente a la relación de otros hermanos. Sin embargo no debes hacerle preguntas del tipo: “¿Lucas te abraza?, ¿tu hermano juega contigo mucho?”. Esas preguntas no deben de ser contestadas por un niño que tiene un hermano autista.

¿Te imaginas que mi hermanito te preguntara cuántas veces has hecho el amor esta semana con tu mujer? ¿Qué pensarías? Seguramente verías que no hay correspondencia entre la pregunta y su edad. Y esa pregunta quizás te podría herir. Pues mide tus palabras con mi hermano, porque él sufre en su piel minuto a minuto mi diferencia. No lo demuestra porque los niños os damos mil vueltas en la aceptación de las cosas. Pero eso no quita que sufra. Y tú no tienes que echarle vinagre en las heridas abiertas a través de preguntas inadecuadas.

Bastante tiene con tragar en su mundo de niños que le conozcan algunos por el “HERMANO DEL AUTISTA” y no por su nombre.

Bastante tiene con la atención que le robo y con ser siempre segundo plato en el corazón de muchos por el entendible principio humano de que hay que proteger al más débil. Mi hermano es un niño y él también es débil.

¡Hazle caso igual que a mí!

¡Abrázale a él antes que a mí!

Pues sólo así te tendré respeto. Recuerda que me doy cuenta de cosas que para ti pasan inadvertidas y sólo llegarás a mí a través de mi hermano.

No seas torpe y dale el sitio que le corresponde.

Y si tienes preguntas curiosas, házselas a mi padre que él te las contestará.

Mi hermano es el secreto para llegar a mí.

Anteponle a mí y llegarás a mí más rápido

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín