Te lo pido desde el cariño más absoluto, ellos también están subiendo el Everest conmigo y muchas veces no llevan oxígeno y su ropa no está preparada para temperaturas tan bajas.

Sus estados anímicos, aunque tú los veas bien, son muy variables. Son personas que dibujan en sus caras la mejor de las sonrisas, pero por dentro pueden estar totalmente destrozados.

Ellos son así. Creen que nadie se merece cargar con sus mierdas, que cada uno ya tiene las suyas y con eso es suficiente. Pero precisamente por eso, dado que son respetuosos, lo tienes que ser tú con ellos. Elige bien los momentos para contarles cosas o para informarles de cosas que tú crees que me pueden venir bien.

Como siempre te pondré un ejemplo: si ellos vienen de tener un día muy duro conmigo quizás no sea el mejor momento para decirles que tu hijo ha sacado todas las notas con sobresaliente. No por nada, simplemente porque no son superhéroes y este comentario, que en otro momento les despertaría alegría, en ese momento lo único que les despierta es decepción, no por los sobresalientes sino porque no has sabido elegir el momento para contárselo. Para ello, tienes que poner en marcha la empatía y detectar en que momento anímico se encuentran. Con unas pocas palabras sabrás si es el momento adecuado para contar según qué cosas.

Otra cosa importante, no debes hablarles desde la pena, la condescendencia o con términos “No sé porque Dios manda cosas así”. Todo esto no les ayuda. Todo lo que puedas decir en este sentido ellos ya lo saben y sobre todo nunca toques ni de refilón el tema del planteamiento: “¿por qué os ha tocado a vosotros?” Esa pregunta es poner una mierda delante de un ventilador.

Lo que puedes hacer es escucharles, apoyarles, integrarme a mí, quedarte conmigo aunque sea 5 minutos para que ellos puedan hablar. Lo demás no ayuda, hazme caso. Lo que necesitan mis padres es estar solos y hablar de cómo van a subir el Everest conmigo: ayúdales a conseguir esos ratos.

No sirve de nada que les hables de lo duro que es el Everest, que si hace mucho frío, que si te tienes que llevar la ropa adecuada, que si no te olvides el oxígeno, que por qué te ha tocado a ti subir el Everest si tú no eres montañero.

En fin todo esto ya lo tienen ellos claro.

Si de verdad quieres ayudarles, dale ánimos, abrazos y escúchales, sólo con eso sacarán fuerzas para seguir escalando conmigo.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín